
este fin de semana he sido visitante ocasional de madrid. mi hermano pequeño ha venido a verme y he estado acompañándole por ahí, haciendo yo también las veces de turista. hemos convertido en tradición (supongo que dos veces son suficientes para convertir un acto trivial en tradición) el ir a comer un chivito al pan cuando nos encontramos en madrid. plato que sirven en una parrilla uruguaya muy cerca de la plaza mayor. cuando estábamos ahí, entró una pareja de italianos, con su diccionario y una ristra de hojas impresas con los anagramas de google. empecé a pensar que si cualquiera que viaje a madrid y busca en google "sitios para comer" llega a ese rinconcito, puede que el sitio pierda su magia o puede que no, pero está claro, que nadie que vaya obsesionado con sus folios, va a terminar un sábado por la noche, en un quinto piso cerca de callao, escuchando música sufí de irán y viendo bailar a una chica las danzas de los derviches que por religión les está vetado a ese género maravilloso. las guías están bien, pero dejarse llevar por el momento y por un cartel pegado en una pared, puede llevarte a sitios dónde la tecnología es imposible que llegue. piérdanse en sus viajes y se encontrarán con cosas que jamás habrían soñado, incluso puede que se encuentren con ustedes mismos, el paisaje más inexplorado al que se puede llegar. en el peor de los casos, les quedará una bonita historia que contar, que al fin y al cabo es lo que vale de un viaje: contarlo a los demás.